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Ya no se puede ni “mear” tranquilo!

Ayer mientras desayunaba me topé con una noticia bastante graciosa: en Lepe se ha aprobado una ordenanza municipal que multará a aquellos que orinen en el mar o en la playa con multas de hasta 750€.

Que prohíban mear en la playa en si, en la zona de arena, me parece correcto ya que es como mear en la calle salvando las distancias (en la arena puedes taparlo para que “no se note”) y al tener unos lavabos públicos se podría castigar como comportamiento incívico. Controlar esto es bastante fácil: pones al socorrista o al policía de turno a buscar xurras y señoritas agachadas y comprobar que están orinando.

Pero cuidado, aún nos queda el mar! Ahora no puedes mear en el mar. Y yo me pregunto, ¿por qué? Es como un poco absurdo prohibir mear en el mar por ser un acto poco higiénico cuando los peces se cagan, mean y fornican en él. Quiero decir que vale, una cosa es jugar a los barquitos dentro del agua, cosa que es desagradable, igual que lo encontrarse basura flotando en el  agua, pero estamos hablando de mear, líquido, que se disuelve en el mar.
Estamos hablando del mar, una masa de agua my extensa y en continuo movimiento, no de una piscina, que si te meas el meado se queda ahí hasta que vacían la piscina, dónde encuentro normal que no se pueda por motivos higiénicos ya que si todo el mundo se mease dentro sería como una piscina de cerveza, con su espumita y todo!

Y aún diré más, como van a saber si estás orinando en el agua? Por ese movimiento que haces al alejarte un poco de la masa de gente para que no noten esa corriente de “agua” caliente que provoca dicha persona? Porqué no encuentro otra manera de que el vigilante pueda llegar a decir, desde lejos, que una persona está orinando. Una cosa que podrían hacer es poner a alguien que acompañara a los bañistas y fuera comprobando la temperatura del agua que esta alrededor del bañista, pero eso sería demasiado caro y dudo que lo hagan.

Así que, viendo que no os pueden pillar queridos Leperos, yo optaría por seguir meando en el agua, como toda la vida. Total, como ya he dicho antes, si lo hacen los peces, ¿por qué no vamos a hacerlo nosotros?

 

Fuente:  Lepe multará con hasta 50 euros por orinar en el mar o en la playa.

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El día que me levanté dos veces.

El día de hoy ha sido bastante raro por la simple razón de que me he levantado dos veces,  y cuando digo levantarme dos veces implica desvelarme, vestirme, volver a dormir y volverme a levantar.Voy a empezar describiendo el día por el primer suceso de la noche, cuando casi le doy de yoyas a mi madre:
Eran la 1:30h de la madrugada, minuto arriba minuto abajo, yo estaba durmiendo y mi madre ha venido a darme un beso de buenas noches (como todas las madres hacen, o deberían hacer). Lo que ha pasado es que no sé como me he medio despertado y he entrado en un estado “semidespierto” en el que he confundido a mi madre como una amenaza externa y he soltado un par de manotazos, por suerte suya estaba dormido y no le he dado. Después ya me he despertado del todo y me he dado cuenta de que casi me la cargo sin querer.
Después de esto me he vuelto a despertar y me ha parecido escuchar la alarma del móvil así que supuestamente la he parado, he consultado el mail como hago cada mañana y me he encaminado a la ducha. Notaba que me picaban los ojos en exceso, para ser sólo las 5:30 de la mañana. Una vez fuera de la ducha y estando medio vestido me he dispuesto a ponerme los calcetines cuando…

¡Sorpresa! En el reloj digital dónde debería poner “5:42” ponía en realidad “2:42”. Anonadado he cogido el móvil (con

el que he consultado el mail) he mirado la hora y efectivamente! Eran las 2:42 de la mañana, no las 5:42, hora a la

 que suelo levantarme. Después de cagarme en todo me he quitado los tejanos, me he vuelto a poner el pijama y me he vuelto a dormir hasta, esta vez si, las 5:30, hora de levantarse para ir a la universidad.
El día no ha tenido mucho más, aparte de ir como un zombi hasta que me tomado un café, aunque a decir verdad puedo explicaros una cosa más de hoy, es una cosa (o tipo de gente) de la que ya me quejé en su momento, la gente que toca la moral en el tren!
Estaba yo sentado tan tranquilamente (y cómodamente para que engañarnos) leyendo mi revista de “Historia y Vida” cuando ha aparecido una chica bastante hermosa y se ha quedado parada a mi lado (la isleta de asientos era de 3, yo estaba en el que queda solo y que tiene otro asiento delante), ha sido entonces cuando me he percatado que se quería sentar. Y se ha sentado, si, delante mio. Pudiendo sentarse al lado, dónde ella podía estirar las piernas y yo también, ha tenido que sentarse delante! Dónde he tenido que encogerme cual jersey de lana en la lavadora para que entrásemos los dos. Para más inri se ha puesto a tatarear las canciones que estaba escuchando y a hacer cosas con una carpeta mientras me iba dando golpes en mi rodilla. Ah, se me olvidaba comentaros un detalle importante: EL TREN ESTABA CASI VACÍO.

No sé que le pica a este tipo de gente, que le gusta ir apretada en el tren, yo no me he cambiado de sitio porque tenía que hacer gala de mi vagancia y porqué joder, la que ha venido a joderme el trayecto ha sido ella!

Esto ha sido todo lo que me ha pasado hoy, en el día que me levanté dos veces. Seguramente pensaréis “que tonto, HA – HA!”, pero en twitter me han comentado que no soy el único “tonto” al cual le ha pasado esto :D!

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De primeras maratones sólo hay una.

Ayer acabé mi primera maratón. Tengo 20 años y esto que escribo es lo que me pasó la semana antes de la carrera y durante ésta.

Llevaba 6 meses entrenándome para correr la Mitja de Granollers y la Maratón de Barcelona, todo iba sobre ruedas hasta que, oh, sorpresa: el último día de rodaje, a una semana de la maratón, mi rodilla decidió molestarme. Después de estirar casi no podía ni caminar, y durante la semana,  me dolía haciendo según que cosas. Suerte la mía de tener a un fisio que el viernes por la mañana me alegro una semana bastante triste. Si había pensado en que quizá no podría correr el domingo, el me dijo que no, que me veía bien y que lo peor que me podía pasar es que me tuviese que parar por el dolor. Así que eso hice, correr.
El domingo a las 8:30 empezaban a salir los primeros, yo ya me había tomado un ibuprofeno para la rodilla  y la carrera pintaba bien. Los primeros kilómetros no fueron mal, la rodilla me molestaba un poco pero a partir del 10, todo fue sobre ruedas, iba fino fino  y a buen ritmo con un compañero de la universidad.  Pero no todo iba a ser tan bonito, allá por el km28, la rodilla se despertó de su sueño y empezó a dar por saco: ahora cada vez que apoyaba la pierna izquierda sufría de un pequeño pinchazo, el dolor del cual iba aumentando al paso de los kilómetros. Así corrí, cojo, hasta el km34.

Por si los pinchazos en la rodilla no fueran poco, me caí, si. Gracias a que habían quitado los pivotes verdes de plástico para tener más espacio dejaron unos pequeños tornillos de plástico que sobresalían del asfalto. No los vi y “chuté” uno de ellos, digo chuté porque el impacto fue brutal, me fui por los suelos, los corredores de atrás se asustaron, incluso vi como uno me pasaba por encima mientras yo decía “si, si, estoy bien“. Estaba bien? Una mierda, yo “pensaba” que estaba bien. Tenia una rascada en la mano de la cual salía sangre a buen ritmo y el dedo gordo del pie derecho se había inflado al momento (yo pensaba que era una yaga, pues era “blandito” al pisar), pero no me importó, seguí corriendo pensando en llegar al avituallamiento del km35 para limpiarme la herida con agua y continuar. Todo esto, con mi amiga la rodilla, no nos olvidemos de ella.

Ya en el avituallamiento, cogí una botella de agua y me tiré una poca por la “rascada” que resultó ser un agujero (literal) en la base del dedo índice del dorso de la mano, entonces me dije a mi mismo “a la Cruz Roja de cabeza” así que ahí fui. La chica, al verlo dijo “eso necesita mínimo un punto” a lo que yo dije “y no me lo puedes poner luego?“. Aprovecho ahora para darle las gracias, ya  los otros dos chicos que estaban allí también, pues me apañaron una cura para que no se me infectara la herida y no se me abriera más y me dejaron continuar (eso si, la chica me hizo prometer que al llegar iría directo a la clínica, lo hice, conste en acta!). Pasaron 10 minutos. 10 minutos en los que estuve parado, y estar parado cuando corres cojo por una lesión significa que la lesión se enfría y que volver a arrancar es horroroso por el dolor y la agonía que supone. Lo hice. Le eché dos pelotas y seguí corriendo, ya sólo faltaban 7km para la gloria.

Al entrar en el casco antiguo leí una pancarta que me marcó para el resto de los km “El sufrimiento es temporal, el orgullo dura toda la vida” me metí eso en la cabeza y poco a poco fui comiéndome los kilómetros, caminaba en los avituallamientos para hidratarme bien incluso comer algo en el km 40, al encarar el Paralelo.
Ahí, en el Paralelo, cuando sólo me quedaban 2km de sufrimiento, pues aunque faltaban aún 195 metros después de los 42km, esos los disfruté como nunca. Lo había conseguido, había saltado el muro, mi rodilla, mi pie derecho, mi mano, todo. Y había llegado, “entre terribles sufrimientos”  como dice Antonio Recio, pero había llegado.

Hoy, un día después, tengo una morcilla a modo de dedo gordo del pie derecho (por el color y la forma), un punto, que me pusieron al llegar a la linea de meta en la clínica de la Cruz Roja, apenas puedo doblar la rodilla sin ver las estrellas, y agujetas en todo el cuerpo. Pero tengo algo de lo que muchos no pueden hacer alarde: tengo el orgullo de haber corrido mi primera maratón y de haberla acabado habiendo pasado por lo que he pasado.

PD: el tiempo según el chip ha sido de 3h53′, pero me he tomado la libertad de quitarle los 10 minutos que estuve parado en la Cruz Roja, así que se queda en un magnífico tiempo de 3h43′ .  Un vídeo que podría resumir la carrera: Vídeo

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Batiendo récords.

Eran las siete de la mañana cuando me ha sonado el despertador, me he levantado en modo zombie a prepararme lo que a partir de ahora va a ser mi desayuno antes de cada carrera: nocilla con pan. Con el sueño aún encima faltaba prepararse para ir a Mataró, bambas (con el chip, cosa importante), equipación de “L’aire“, reloj, y el nitro (MP3) para el momento X dónde empiezas a ver las cosas negras. Una vez en el sitio, ya con el dorsal puesto tocaba empezar a calentar, ha costado entrar un poco en calor pues hacia un aire, permitirme la expresión, frío de cojones. Después de calentar, empezaba lo bueno, faltaban 10 minutos para la salida así ahí nos hemos dirigido.

Los momentos previos a la carrera han estado divertidos, suerte la mía que me he encontrado a varios compañeros con los que suelo correr. Como correr sólo es aburrido, he ido con ellos ya que tenían un tiempo previsto que se ajustaba bastante al mío, ha sido una buena decisión. La carrera ha empezado bien, aunque como siempre hemos tenido que adelantar a bastante gente antes de poder establecer el ritmo adecuado, éramos 8 (creo), casi todos con la misma camiseta, la sensación de equipo que da es impagable. Así hemos seguido, todos juntos hasta el kilómetro 6, creo, dónde cuatro del grupo han apretado y nos han sacado ventaja, pero daba igual, aún éramos 4 y teníamos muy claro lo que teníamos que hacer: aguantar el ritmo. Así ha sido hasta el kilómetro 15, más o menos.

Oscar después de debatirse un buen rato entre el bien y el mal (Alvaro y Sergi), Alvaro tiraba un poco más de lo que tocaba para la hora 40′, en cambio Sergi iba siguiendo el ritmo de referencia, al final ha caído en al tentación y nos hemos ido los tres, Oscar, Alvaro y yo. A un ritmo más que bueno. La cosa estaba en que llegaba la parte fea del recorrido, un polígono que no te animaba a correr, aún así, con un poco de esfuerzo hemos pasado la zona peligrosa y hemos encarado la vuelta. Aquí es dónde ha empezado a aparecer mi amigo el flato, rondaba el kilómetro 18. No hay nada mejor para combatir el flato que la música para no pensar en él. Así que me he puesto los cascos y a ritmo de heavy metal he entrado en trance. En ese momento me he ido de Alvaro y Oscar, corriendo sin pensar demasiado. Ya faltaba poco para llegar a los 21, y eso es sinónimo de llegar a la cuesta del final, “la cuesta“, suerte que iba avisado, si no habría pinchado de mala manera, ha tocado aflojar un poco el ritmo para al fin llegar a meta, acelerando el ritmo, da igual si era subida, la meta, es la meta. Al final, he cruzado la meta cuando en el crono ponía “1:37:37” que restando el tiempo que tardé en salir se ha quedado en “1:37:00”, el mejor tiempo de las tres medias que he hecho.

El entrar a meta sabiendo que todas las horas de entreno han servido para rebajar tu tiempo es una de las mejores cosas que hay, es parecida a la que se siente cuando haces un buen trabajo, pero no del todo, ésta es más, te invade una especie de felicidad que hace que aunque estés hecho polvo puedas sentirte bien.

Aunque el haber mejorado el tiempo no habría sido posible si no hubiesen estado Alvaro y Sergi guiándonos y marcándonos un poco el ritmo que podíamos seguir, Sergi “el duende bueno” al inicio y ya al final, Alvaro, “el duende malo“.

Ahora toca seguir entrenando igual, que hoy ha quedado demostrado que si se entrena se puede.

 

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Limpiando la escalera.

Hoy vengo a explicaros como me ha ido en el transcurso de una misión que considero de nivel A (lo más de lo más): limpiar la escalera del bloque.

Seguramente os estéis imaginando un bloque de seis o siete pisos con un montón de escaleras, tranquilos, vivo en un bloque que solo tiene tres pisos (bajos, 1r y 2n) así que la faena no es mucha. El problema es que trabajar en un sitio que casi no he pisado en los 13 años que llevo viviendo en este bloque, es complicado. Es como ser un extraño en tu propio bloque. De todos modos, como tenía que hacerlo, me he cogido al escoba y me he ido hacia arriba del todo.

No ha tardado en aparecer el primer enemigo, el perro del vecino del dúplex, esos perros enanos que no dejan de ladrar por todo y que te hacen sentir como un delincuente aunque no estés haciendo nada malo (entendemos trabajar por algo bueno) . Después de estar barriendo polvo durante unos 20 minutos he pasado a la segunda fase de la misión, fregar.

Fregar puede resultar divertido y fácil, pero requiere un dominio casi experto de las cantidades de legía que hay que echar en el agua, no vale eso de “échale un chorrito” hay que hacerlo bien. Y ya no digamos el fregar en sí, hay que saber mover la fregona para dejarlo todo como dios manda y sin refregones. Una vez he tenido todo listo he subido otra vez hasta arriba, con mi “amigo” el perro.

Iba todo perfecto, demostrando mi arte con la fregona, mi brazo y la fregona parecían uno, fregando a la velocidad de la luz, hasta que he movido el cubo del agua con el pie. En ese momento me he dado cuenta que aparte de saber fregar hay que dominar el arte de “mover el cubo”. He volcado medio cubo de agua en el descansillo de la escalera. Resultado: una cascada de agua envenenada bajaba a toda leche por la escalera.

He tenido que actuar muy rápido pues en ese momento me he percatado que el rellano hace bajada hacia la puerta de un vecino y el agua, lógicamente, iba hacía allí. No sé cuánta agua entró por debajo de la puerta, sólo sé que nadie se ha quejado, por ese motivo intuyo que mis labores de contención dieron sus frutos. Después de contener un instante la cascada fui a por refuerzos, a partir de ahí todo fue muy fácil, el papel de periódico sirve para algo al fin y al cabo.

Como podéis ver hasta lo que parece “simple” puede convertirse en una odisea de la cual se pueden extraer moralejas, al de hoy es: no mover el cubo del agua con el pie para evitar posibles volcados.

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Una broma como dios manda.

Hace ya varios años disfruté de últimos campamentos del Esplai (una especie de Boy Scouts), fuimos a Menorca y nuestro único sistema de locomoción eran bicicletas. Si me pongo a pensar seguramente me vengan muchos recuerdos, pero de lo que jamás de los jamases me olvidaré es de una broma muy pesada en la que fui el principal protagonista.

No sé si habéis ido a algunos campamentos del estilo, pero normalmente hay una noche dedicada al terror en la cual se hace una especie de “Túnel del terror” para pasar un mal rato y que los monitores se echen unas risas. La broma se dio en esa noche en el bosque que teníamos al lado. Cuando me tocó entrar a mí en el túnel lo hice sólo (como los hombres de verdad),  entré sin miedo y cuando ya estaba llegando al final uno de los monitores me dijo que me esperara en un rincón del recorrido sin hacer mucho ruido hasta que pasaran todos por el túnel. Una vez pasaron todos se percataron de que yo no estaba entre ellos, empezaron a gritar mi nombre para saber dónde estaba, obviamente no contesté pues aun no me dijeron nada de salir.

La parte fuerte del asunto fue que cuando iba a volver al grupo uno de los monitores tuvo una inspiración divina y dijo “Que te parece si hacemos vivac, y ya mañana por la mañana reapareces en el campamento” Mi respuesta después de meditarlo un poco, fue aceptar. Así que me nos trajeron un saco de dormir y nos pusimos a dormir en un claro a una distancia prudencial  de las tiendas.  Mientras charlábamos tan tranquilamente se escuchaban los gritos de “Navarroooooo!!” y similares. Al final nos dormimos, y despertamos al amanecer, después de dormir bastante bien.

Hay que decir que dio un poco el cante, pues viendo que yo no aparecía, los monitores no alertaron ni al otro grupo que acampaba a escasos metros de nuestro campamento ni a la policía ni a nadie más, pero supongo que  nadie cayó en ese detalle.

Ya por la mañana cogimos las bicicletas y fuimos a comprar algo de desayuno al pueblo cercano, y volvimos al campamento. Cuando llegué entré como si no hubiese pasado nada, las caras fueron indescriptibles, como si viesen un fantasma, y no era para menos, que alguien desaparezca y al día siguiente vuelva como si no hubiese pasado nada, tiene delito.

Aunque me supo mal por mis compañeras de tienda, pues una en concreto lo pasó bastante mal, pero ahí se demostró lo que uno vale, pues me podrían haber odiado a muerte (seguro que aun se cagan en mi cuando piensan en ello) después de aquello, en cambio,  no lo tuvieron muy en cuenta y los campamentos acabaron con normalidad.

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Reflexionemos con Blasa.

Llevo unos días leyendome el libro “Por qué somos como somos” de Eduard Punset, del cual haré una pequeña reseña cuando me lo acabe, y he empezado a reflexionar sobre dónde venimos, que hay más allá, entre otros asuntos. Pensar y reflexionar es bueno, pero cuando de golpe y porrazo, y sin previo aviso te acuerdas de las reflexiones de Blasa en el programa de “Redes” de Punset, todo cambia, si no me creéis escuchad las reflexiones tan interesantes que hace Blasa sobre el universo:

Ojo, que parece que sólo diga tonterias, pero a veces tiene su parte razón :D!

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